Edgar Allan Poe: el escritor maldito

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Probablemente has leído alguno de sus poemas o relatos, o habrás conocido sobre él a través de una de las tantas referencias que existen en la cultura popular (incluso un episodio de Los Simpsons dedicado a su poema más famoso, El cuervo). En cualquier caso, Edgar Allan Poe despierta fascinación entre muchos, no sólo por la riqueza de su obra literaria, sino por el misterio y desgracia que formaron parte de su vida. Consumado genio del terror, maestro del relato corto e insigne representante del “malditismo”, se le atribuye la creación del cuento psicológico de terror y del cuento detectivesco.

 

Edgar Allan Poe nació en Boston, Estados Unidos, el 19 de enero de 1809, fue además de escritor y poeta, periodista romántico. Al cumplir 2 años de edad ya había perdido a sus padres: su padre abandona a su familia en 1810 y su madre fallece al año siguiente. Fue recibido por una familia de Richmond, Virginia, John y Frances Allan, sin embargo, estos nunca lo adoptan oficialmente. Aunque el resto de su niñez y adolescencia transcurrió sin mayores contratiempos, la tensión empezó a crecer con su padre por problemas de dinero (motivados además por apuestas y los gastos asociados a la educación superior de Edgar Allan).

Hizo incursión como militar en el Ejército de los Estados Unidos, a la par de iniciar su carrera como escritor. Fue uno de los primeros escritores famosos en hacer de su trabajo literario su modus vivendi, siendo esto una de las causas de su vida desgraciada: contrajo matrimonio en 1835 con su prima de 13 años de edad, Virginia Clemm. Doce años más tarde, ella muere por tuberculosis, hecho éste que lo impacta profundamente y lo lleva a un espiral de desolación, pasando el resto de su vida entre el hambre, profunda tristeza y pobreza.

A pesar de su precaria situación económica logró escribir 60 cuentos y una serie de poemas, género último al que elogiaba como “la máxima expresión literaria”. Entre sus obras destacadas están El cuervo, El gato negro, La máscara de la muerte roja y Los crímenes de la calle Morgue.

“Que Dios ayude a mi pobre alma” fueron sus últimas palabras, un 7 de octubre de 1849. Quienes aún hoy admiramos su obra, decimos ‘Larga vida al rey del terror’.

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