Editorial: 2016, Año de emigrantes.

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Las despedidas sin duda alguna formaron el día a día de muchos venezolanos. Familiares, amigos, cercanos, lejanos, en fin… una cantidad significativa de personas en el entorno de todos, o si no de la mayoría, decidieron salir del país por periodos indefinidos con la esperanza de respirar nuevos aires y principalmente, encontrar mejores oportunidades que las se ofrecen en la actualidad.

No entraremos en detalles sobre que o cuales razones llevan a los venezolanos a la decisión de salir de su terruño y adentrarse a futuros inciertos. Eso, desde nuestra manera de ver, está sobrentendido. Sin embargo, es necesario dejar claro que las migraciones son fenómenos comunes, naturales; una sociedad no puede establecerse sin migraciones. Además, cuando la desigualdad reina, las migraciones aparecen como un alivio a los problemas, alterando en sí una de las premisas más importantes que hace al individuo eso mismo, uno, su origen. Así pues, citando a Pierre George: “La fuente de igualdad mas inevitable entre los hombres es su lugar de nacimiento.”

Quien migra, debe ver en cada horizonte la fe que necesita para continuar andando. Quienes nos quedamos, resignados, no hacemos más que acumular fuerzas para apoyar a quien se va, para preparar nuestra misma partida o para reunir esperanzas que ayuden a creer que “esto también pasará”; los mas optimistas quizá, para las tres cosas.

La familia camillera se ha visto salpicada también por el resultado de malas decisiones políticas que dan como resultado un entorno social desequilibrado, tenso e injusto, generando consecuentemente migraciones. La Camilla nace en octubre del 2013. Un grupo de estudiantes queriendo hacer algo diferente más dos profesores que les apoyan: El Dr. Saberio Pérez Lopresti y el Dr. Gabriel Bohórquez. El primero, docente de la unidad académica de enfermedades infecciosas y parasitarias (les fastidiará la vida en microbiología, 2do año y en Infecciosas, 4to año). Y el segundo parte del nuevo grupo de profesores de Fisiología que ingresan a la facultad. Así pues, con estos dos “editores jefes” más 4 estudiantes del entonces 3er año de medicina, y algunos colaboradores, toman la decisión de abrirse paso a un proyecto que poco a poco se materializa en lo que se ve hoy en día.

A medida que avanza el tiempo y La Camilla toma relevancia, algunos de los colaboradores habituales pasamos a ser parte del grupo editorial y se conforma tal como es hoy en día el equipo de nuestra página. Periodos de inactividad seguidos de meses de trabajo, colaboraciones externas, investigaciones relámpago, fotos, ilustraciones, cuentos, opiniones, todo intentando mantener un enfoque medico/científico, sin perder el toque de humor e irreverencia que siempre ha caracterizado a La Camilla. Eso somos y así nos mantendremos.

A comienzos del año 2015 uno de nuestros editores en jefe, Gabriel, nos anuncia su retiro. En vista de todo lo que ya se ha comentado antes, Gabriel decide partir a luchar contra los neonazis y a empaparse del socialismo europeo… En realidad viaja para aprender alemán, pero eso no haría la historia tan interesante; y aquí entonces el grupo camillero se ve tocado por el tópico esencial de esta editorial. Porque en definitiva es, en muchos aspectos, necesario que se deba migrar, porque la juventud necesita de sueños y de metas tangibles para llegar alto, o cualquier otra frase cursi que se les ocurra para justificar el irse de su hogar a lo incierto con el fin de poder surgir como profesional y como persona.

A Gabriel entonces, con todo nuestro respeto, agradecimiento y cariño, fundamentalmente, esta editorial. Porque más que querer que nos envíe euros y desodorante, seguimos con la tarea que se comenzó hace poco más de 3 años y que a duras y blandas nos esforzamos por mantener en pié, aunque las pasantias nos lo ponen cuesta arriba. Al profesor de Fisiología que hacia diapositivas con memes, al editor en jefe, al amigo nerd que a veces hace de DJ y que además programa.

¿Es necesario migrar? En Venezuela, si, aunque sea una opinión bastante personal. Pero si se pone en contexto todo el panorama y armamos un perfil de nuestra carrera, nuestra preparación y fundamentalmente nuestras metas, se hace muy difícil, solamente, imaginarse una vida donde podamos desarrollarnos como médicos y cumplir las expectativas que personalmente nos propongamos. Migrar es natural, aunque violente en algún sentido la esencia del ser. Y en Venezuela, lamentablemente, más que natural se vuelve necesario.

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