Entre granadas y parásitos: Un vistazo a la vida de José V. Scorza con motivo de su muerte.

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José Vicente Scorza en un campamento guerrillero en la década de los 60. Cuando alternó la fabricación de granadas con el estudio de la Leishmaniasis

 

El 18 de agosto de 2016 falleció en la ciudad de Mérida el Dr. José Vicente Scorza, figura emblemática y a la vez controversial de la Universidad de los Andes. Al mismo tiempo contribuyente fundamental al desarrollo de la ciencia venezolana y guerrillero profeso.

Nacido el 8 de julio de 1924 en la ciudad de Caracas, la vida del Dr. Scorza estuvo marcada desde temprano por sus dos pasiones: La ciencia y la educación. Interesado desde pequeño en el comportamiento de los distintos animales que merodeaban su casa, comenzó a capturar y estudiar desde escorpiones hasta zarigüeyas. Eventualmente esta pasión se convertiría en vocación, pues tras licenciarse como educador se especializa en la enseñanza de química y biología, materias que imparte en numerosas escuelas en Maracaibo y su Caracas natal.

Por su afán de enseñar a sus alumnos la importancia del pensamiento crítico, así como por sus ideales de izquierda disidente, la labor del Dr. Scorza es percibida como peligrosa por las autoridades del régimen del General Marcos Pérez Jiménez, lo que conlleva a  su destitución como educador en el año 1952.

 Durante los siguientes dos años, su vida se verá marcada por el desempleo y la persecución política. Sin embargo, es durante esta época que comienza su incursión formal en el mundo de la investigación científica, comenzando como asistente de laboratorio en la facultad de ingeniería de la Universidad Central de Venezuela y obteniendo una licenciatura en Ciencias en la misma escuela en el año 1957. Tan solo un año después, es nombrado primer director y posteriormente, decano de la recién creada facultad de ciencias de la UCV.

Es sin embargo la década de los 60 la más interesante y a la vez polémica para el Dr. Scorza. En medio del ambiente bipolar que impregnaba la Guerra Fría sobre todo el planeta, y en particular sobre la aún inestable democracia venezolana; las ideas del Dr. Scorza lo llevan a involucrarse directamente con muchos de los numerosos grupos guerrilleros que procuraban imponer un régimen comunista en el país y que al mismo tiempo luchaban en contra de la criminalización, en ocasiones injustificada, a la que habían sido sometidos los partidos políticos de izquierda en Venezuela. En este contexto, el Dr. Scorza es reclutado, presumiblemente por sus extensos conocimientos en química, para colaborar en la construcción de una fábrica de explosivos que abasteciera de municiones a las guerrillas qué se oponían al gobierno de Raúl Leoni.

 Este trabajo lo lleva a trasladarse al estado Aragua, donde se establece un campamento en los terrenos del Parque Nacional Henri Pittier (en ese entonces conocido como Rancho Grande). En este campamento el Dr. Scorza alterna el estudio del ácido pícrico como componente fundamental de las granadas de mano o la distribución espacial de sus esquirlas; con el análisis de la distribución y hábitos de los mosquitos del género Lutzomyia, recientemente descritos por su equipo de investigación como el vector transmisor de la Leishmaniasis en Venezuela. Tras varias pruebas de campo efectivas en Aragua, Portuguesa y Caracas; la fábrica de explosivos bautizada como El Garabato, es finalmente establecida en los Teques, Edo. Miranda.

Como era de esperarse, en octubre de 1965 y para asombro de toda la comunidad académica venezolana, José Vicente Scorza, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela es apresado bajo los cargos de terrorismo en una operación llevada a cabo por el gobierno nacional, tras el asesinato de dos Guardias Nacionales que habían sido abatidos durante el rescate de un miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), guerrilla de la cual Scorza era colaborador.

Tras una reclusión de dos años, en la Cárcel Modelo de Caracas, el Dr. Scorza es absuelto en 1967 y gozando de su recién ganada libertad, viaja a Londres, donde (para fortuna de la nación) decide dejar atrás su pasado insurrecto y dedicarse de lleno a la investigación científica. En Inglaterra acude a la London School of Hygiene and Tropical Medicine, donde obtiene un doctorado en Parasitología y se desempeña como profesor un tiempo.

En 1969 regresa a Venezuela y tras la petición del insigne rector Pedro Rincón Gutiérrez, se traslada a la Universidad de los Andes en Mérida, donde juega un rol central en la fundación de la Facultad de Ciencias de esta casa de estudios, y desarrolla el grueso de su carrera científica; desempeñándose como decano (esta vez sin una doble vida como guerrillero) entre 1972 y 1974; y estableciendo importantes líneas de investigación en los estados Mérida y Trujillo.

 Como fruto de esta prolífica faceta científica, un equipo de investigación, liderado por el Dr. Scorza sintetiza en 2006 la Ulamina; un complejo antimonial pentavalente derivado de la glucamina que ha demostrado resultados muy satisfactorios en el manejo de las formas cutáneas de Leishmaniasis en los Andes venezolanos.

En definitiva José Vicente Scorza fue un personaje único en la historia contemporánea de nuestro país y de nuestra universidad. Una figura controversial que no puede comprenderse sin valorar el contexto histórico en el que se desarrolló, y que a juicio de este autor representa a la perfección el carácter brillante y a la vez caótico que define nuestra idiosincrasia como venezolanos.

No me cabe duda de que haber mantenido una conversación con usted hubiese sido una experiencia inigualable. Que en paz descanse, Dr. Scorza.

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