Especial de Halloween: Los juicios de Salem, ¿brujería o intoxicación masiva?

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Salem es un pequeño pueblo con poco mas de 40 mil habitantes en el estado de Massachusetts, en el noreste de los Estados Unidos, hoy en día un lugar pintoresco y viva representación del paisaje de Nueva Inglaterra. De no ser por el rol que cumple en la cultura popular mundial, sería casi imposible para quienes hemos tenido el placer de conocerlo, creer que hace unos 300 años, el sitio haya sido protagonista de uno de los casos más famosos de histeria colectiva de los que se tiene registro.  Entre febrero de 1692 y mayo de 1693, 20 personas (casi todas mujeres) fueron acusadas y ejecutadas aquí y en pueblos vecinos bajo los cargos de brujería. Sin embargo, pudiese ser que el pueblo no estuviese bajo un hechizo, sino bajo los efectos de un hongo muy particular.

El hongo en cuestión sería el Claviceps purpurea, también conocido como cornezuelo del centeno, que parasita numerosas plantas del grupo de las gramíneas, entre ellas el centeno y el trigo, de los cuales se obtienen harinas muy utilizadas para la elaboración de pan y otros productos de pastelería.

Lo que hace especial a este hongo es la enorme cantidad de estimulantes del sistema nervioso central que posee en su interior, estas sustancias en conjunto se conocen como los alcaloides del cornezuelo del centeno y muchos de ellos guardan una similitud estructural muy importante con múltiples neurotransmisores, por lo que actúan como agonistas serotoninérgicos y dopaminérgicos. Para aquellos que aún no hayan cursado fisiología o farmacología; ya muy grandes rasgos; estos neurotransmisores juegan un papel central en el control del estado de ánimo, la capacidad de razonamiento, el control de los movimientos voluntarios y la percepción de los diversos estímulos a los que normalmente estamos expuestos día a día.

Muchos de estos alcaloides son usados con fines terapéuticos, como es el caso de la ergotamina (vasoconstrictor útil en el manejo de las migrañas), la ergonovina (utilizado para favorecer la contracción uterina y frenar el sangrado post-parto) o la bromocriptina (que por su efecto dopaminérgico bloquea la liberación de prolactina y consecuentemente la galactorrea patológica). Otros derivados poseen un fuerte efecto psicotrópico, explicado por la activación indiscriminada de receptores D1, D2 y 5HT1 en múltiples regiones del sistema nervioso central; tal como es el caso de la ergolina, de la cual se obtiene la dietilamida del ácido lisérgico, mejor conocida como LSD.

Debido a los fuertes efectos vasoconstrictores de estas sustancias, en particular de la ergotamina y sus derivados, el consumo en grandes concentraciones de los mismos, como ocurre cuando el hongo contamina los cultivos de trigo y centeno con los que se elabora el pan, puede conducir a un cuadro caracterizado por gangrena distal de las extremidades, convulsiones y otras alteraciones nerviosas, que en conjunto se conocen como ergotismo o fuego de San Antonio (por la sensación quemante que generaba en las zonas afectadas). Esta enfermedad fue un verdadero flagelo que afectó a las clases más pobres de Europa durante la mayor parte de la Edad Media.

Volviendo al tema de las brujas, debemos recordar que todo el asunto comenzó cuando dos niñas, Betty Parris de 9 años y Abigail Williams de 12, comenzaron a presentar temblores que asemejaban los de pacientes epilépticos. Según múltiples testigos, las niñas se retorcían en formas antinaturales, se arrastraban por debajo de los muebles y afirmaban ser pellizcadas y pinchadas por entes invisibles, sin que pudiesen encontrarse lesiones que corroboraran tales declaraciones.  Dado que las niñas eran respectivamente, hija y sobrina del reverendo Samuel Parris, su situación rápidamente comenzó a tomar tintes religiosos y a involucrar a toda la iglesia y a la extremadamente conservadora comunidad puritana que la formaba y hacía vida en el pueblo.

Rápidamente tres mujeres fueron acusadas de embrujar a las niñas, dos de ellas Sarah Good y Sarah Osborne, probablemente por su evidente distanciamiento del resto de la comunidad eclesiástica (Good era una pordiosera y Osborne una divorciada que se había casado con un antiguo sirviente). Pero fue la tercera: Tituba, una esclava de orígenes africanos (o indígenas según algunos historiadores) quien acaparó el grueso de las acusaciones, pues las niñas afirmaron haberla oído contar historias sobre encuentros sexuales con demonios y por tratar de seducirlas a formar parte de sus supuestos rituales oscuros.

Eventualmente, más y más personas comenzaron a acusar síntomas similares a los descritos por Parris y Williams, así como a afirmar ver figuras demoníacas que adoptaban la forma de personas del pueblo y que se acercaban a sus casas para poner maldiciones sobre ellas. La histeria rápidamente se masificó y los efectos fueron inmediatos; en pocos meses, Good y muchas otras mujeres fueron colgadas, Osborne murió en la cárcel debido a una enfermedad crónica desconocida que padecía al momento del juicio y Tituba, paradójicamente fue liberada a finales de 1692, tras acusar a muchas otras personas, incluídas Good y Osborne de llevar a cabo diversos rituales; sin embargo, tras su liberación no se tienen más registros y muchos piensan que eventualmente también fue ejecutada.

 Finalmente, tras más de un año de caos, los reportes de personas “embrujadas” comenzaron a caer tan estrepitosamente como aparecieron y para mayo de 1693, la mayor parte de los juicios habían concluido.

Ahora bien, resulta que ciertas formas de ergotismo afectan de manera particularmente importante el sistema nervioso central; estas variaciones, conocidas en general como ergotismo convulsivo, se caracterizan por manifestarse con convulsiones, alteraciones del habla, estados de trance, distonías musculares capaces de generar posturas corporales aberrantes y sobre todo por la presencia de alucinaciones visio-auditivas y táctiles. Aparte de esto, numerosos registros históricos revelan que el pan de centeno era un alimento muy común en la época debido a su bajo costo y relativa facilidad con que este cereal crecía en la zona. Está descrito también que gran parte del ganado de la región comenzó a enfermarse y morir en la época en que comenzaron los juicios, un fenómeno descrito hoy en día por el consumo de hierba contaminada con el hongo. Por si fuera poco, a dosis suficientemente altas, algunos de los alcaloides del Claviceps, como la ergotamina pueden provocar abortos o partos pretérmino, lo que explicaría el hecho de que muchas mujeres hayan sido acusadas de tener a sus bebés prematuramente para sacrificarlos a demonios.

 Si a esto sumamos el hecho de que las manifestaciones clínicas del ergotismo no serían descritas sino hasta 1807, cuando comenzaron a utilizarse los alcaloides con fines terapéuticos en Estados Unidos, nos encontramos ante lo que probablemente haya sido una de los envenenamientos alimentarios más importantes y trágicos de la historia documentada.

¿Fueron realmente brujas aquellas mujeres acusadas en 1692 en la hoy alegre y tranquila ciudad de Salem?

Es difícil saberlo, lo que si queda por seguro es que la naturaleza es capaz de hechizarnos con poco más que simples sustancias químicas y este encantamiento no siempre termina de la mejor manera.

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