La cara política de la Facultad

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La Facultad de Medicina siempre se ha caracterizado por albergar en su interior jóvenes de ciencia, ávidos en la búsqueda de una sola premisa: el bien común. Seis largos años (léase 7, 8… dependiendo de la situación del país) siendo entrenados en una de las ramas más nobles, el servicio. Como galenos en formación, se nos inculca humildad, tolerancia, respeto, y un sinnúmero de valores para poder garantizar a nuestro entorno, un profesional digno e íntegro.

La saña política:

Heredada de los pueblos helénicos y sus cercanías, la política es tan antigua como nuestra propia memoria. En sus manos se manejan una cantidad de redes que se podrían dividir en las visibles y en las ocultas. Visibles, claro, las promesas, eufemismos, utopías que como marco de una gran obra, cubren lo más interno. Lo oculto, que se infiere pero no se dice, se critica pero no se denuncia, se desprecia pero no se castiga; la política siempre ha llevado bajo la manga un variopinto repertorio de malas praxis, que le dan su sabor amargo y que generalmente es más perceptible que el dulce.

En perspectiva con la situación actual del país (o lo que queda de él), es sumamente difícil tocar dos cosas tan opuestas como el día y la noche. Una no hablar de política, dos hablar de ella. Y una Alma Mater como esta, como la ULA, se deja cautivar ocasionalmente por los dulces pero venenosos susurros que la política usa.

La comunidad estudiantil es una fuerza, y lo tenemos claro, gústele a quien le guste. Lamentablemente los cánones políticos nunca son exactos y nos abruman en un cerrar de ojos. Desde hace unas cuantas semanas, inundados de propaganda caminamos por las áreas comunes de nuestra facultad. No conforme con eso, se nos quita sin permiso ni disculpa, horas de clases para escuchar las ensayadas, aprendidas y nada creíbles promesas de dirigentes que llevan más tiempo del debido, viviendo de la universidad. O de movimientos que aunque críticos al sistema ejecutivo actual, imitan la hegemonía y la burocracia que tanto dicen repudiar. Tampoco se escapan los nuevos “exploradores” que parecen más perdidos y espantados que listos para la acción, además, debilitados por la fuerza arrolladora que manejan sus contrincantes, seguros pero asustados.

¿De qué sirve tanta crítica, tanta lucha, tanta inconformidad? No nos hemos dado cuenta que cuando de política se trata todo es un reflejo exacto de la realidad. Un sistema ejecutivo corrupto, tanto en el país como más abajo. Una inexplicable entrada de capital para campañas. Discursos gastados y roídos por corrupción y mentiras. Una incapacidad para permitir generaciones de relevo.

Damas y caballeros, la situación política de la universidad, de la facultad, es la misma que refleja el estado nacional pero a pequeña escala. Que se acabe la contienda, que gane quien tenga más votos, no el mejor necesariamente. Que se respete al oponente y principalmente a los espectadores, que siempre somos los más afectados. Que se explique de donde sale tanto… que se use bien el poder (una petición inocente, pero necesaria). Que se incluya, que dejemos de actuar como a quienes criticamos.

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