Mi cancion favorita

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Mi canción favorita rompió el silencio, es curioso como todos los días la transmiten religiosamente a la misma hora por la radio. No necesitaba voltearme para saber que era mi despertador diciéndome que eran las 7 de la mañana y ya se habían acabado mis 8 horas de sueño diario.

 

Extendí mi brazo y me conseguí con la silueta que dibujaba el vientre de mi esposa. Ya mañana después de tanto esperar iremos a la clínica a esperar al nuevo integrante de nuestra familia. A pesar de que ya está a punto de llegar, aún no hemos escogido su nombre. Mi esposa dice que cuando lo veamos nos dirá con sus ojos como se llama; yo le sigo el juego alegremente.

Ella se volteó aún dormida y el aroma de su cabellera negra azabache me envolvió, recordándome lo mucho que me gusta ese olor. En mi cabeza siempre lo asocie con la cáscara de las manzanas, aunque quizás sea porque nos conocimos después de que le ayudara a recoger unas cuantas de estas frutas que dejo caer sin querer al salir del supermercado, y desde ese momento se volvió nuestra fruta favorita. O quizás su shampoo tuviera manzanas como uno de sus ingredientes. Aunque me gusta pensar lo primero.

Besé su frente y me dirigí al cuarto de baño…ya es hora de prepararme para ir a trabajar. Mi ocupación es algo complicada, o quizás no lo sea tanto, ya que todos los días sucede algo distinto y en la mayoría de los casos al acostarme en mi cama todas las noches olvido muchas de las cosas que me sucedieron a lo largo de la jornada. Mis amigos bromean conmigo frecuentemente tratando de recordarme el día que fui astronauta, con lo que también les sigo el juego y respondo con algún chiste.

Tras hacer el desayuno, recoger el periódico y dejar a mis dos hijos en el colegio, me dirijo a mi trabajo. Al parecer hoy me toca ser una especie de cartero.

El día transcurre con tranquilidad, y llega la hora de volver a la cama. Mientras me cepillo mis dientes escucho un sonido muy extraño, es como una especie de siseo o respiración hecha por alguna máquina, acompañado de un pitido. Me volteo y me consigo solo en mi baño. Creo que después de todo tuve un día bastante agotador.

Suena mi canción favorita en la radio y me despido de Morfeo por el día de hoy, es hora de prepararme para afrontar el día. Abrazo el hinchado vientre de mi mujer. Estamos esperando nuestro tercer hijo. Aun no decidimos su nombre, pero ya queremos tenerlo con nosotros. Mañana iremos a la clínica donde tras esperar tanto tiempo por fin podremos sostener a nuestro hijo entre nuestros brazos. Beso la frente de mi esposa y me levanto para arreglarme. Dejo a mis niños en el colegio y me parece que voy bastante tarde para mi trabajo, además me siento muy amedrentado, como si alguien o algo me estuviera siguiendo desde que salí de casa. Alzo mi muñeca para ver mi reloj, pero no puedo saber qué hora es. No sé cómo leer las manecillas porque hay cuatro, tres de ellas se mueven como quieren y la cuarta me saluda desde afuera del pequeño aparato.

Por fin tras correr apurado por toda la ciudad llego a mi oficina. Después de recorrer mi vista por el recinto me siento incomodo, como si algo hubiese cambiado a pesar de que todo sigue estando igual que siempre. Decido no darle mucha importancia al asunto y me siento frente a mi escritorio. Hoy me toca hacer el inventario de un zoológico, quien iba a decir que haría eso algún día. Escucho un sonido exactamente igual al que me sorprendió la noche anterior, y de la misma forma me consigo solo frente a mi escritorio.

Mi canción favorita me despierta y me pregunto cómo es posible que después de tanto tiempo no me canse de escucharla todos los días a la misma hora, y me sorprende aún más como la transmiten religiosamente en la radio, casi como si trabajaran solo para mí. Doy una pequeña vuelta y me consigo viendo a mi esposa. Como la amo. Está a punto de traer a nuestro tercer hijo y eso hace que sienta una inmensa admiración por esa mujer. La detallo con los pocos rayos de luz que se consiguen colar por nuestra persiana y veo detenidamente como caen algunos mechones de su negra cabellera por sus bonitos pómulos. Su nariz es un poco pequeña pero cuadra perfectamente con sus labios carnosos y bien definidos.

Beso su frente cariñosamente y me doy vuelta para levantarme cuando una de sus manos sujeta mi brazo. Veo sus ojos mirarme adormilados y me esboza una sonrisa. Me recuesto otra vez en la cama ya que aún tengo unos minutos.

– un día más y habrá un nuevo integrante en la familia – me dice sin dejar de sonreír.

– no puedo esperar más – le respondo con otra sonrisa.

– esta primera semana te toca despertarte en las noches a ti.

– bueno, me parece justo, pero llevas tu a los niños al colegio.

– pero hace tanto que no los llevo que creo que ya no recuerdo el camino – me contesta muy animada –así que no sé cómo llegar

– creo que los muchachos te pueden ir guiando

Llenamos la habitación con carcajadas pensando en lo felices que somos y en los días que nos esperan. Nuevamente escucho el ruido que me ha estado acosando los últimos días, pero no le doy mucha importancia y sigo observando a mi esposa. Sin embargo siento que algo extraño está sucediendo. Algo va mal. Ya no puedo oler el aroma que brota del cabello de mi esposa y llena dulcemente toda la habitación. Supongo que ya estoy muy acostumbrado a él y no lo percibo. Pero ahí sigue estando esa sensación perturbadora, la cual poco a poco va aumentando. Algo va mal, muy mal, pero no sé qué es. Mi visión empieza a nublarse y poco a poco voy dejando de ver. Que me sucede, no me lo explico, siento muchísimo miedo. Ya no puedo ver nada, no sé si tengo mis ojos abiertos o cerrados, solo sé que estoy inmerso en la más completa oscuridad. Mi esposa nota mi desesperación y se pone a mi lado tratando de calmarme. Lleva una mano a mi cara y consigo calmarme un poco.

-¿Por qué has quitado tu mano de mi rostro? – pregunto tras un rato.

– mi amor, mi mano sigue ahí –me responde con creciente preocupación en su voz- ¿Qué está sucediendo? ¡No bromees por favor!

– no estoy bromeando, ya no puedo sentir nada

Escucho a mi mujer llorar y trato de calmarla pero de mi boca ya no está saliendo ningún sonido. Quiero gritar pero no puedo. Quiero decirle que todo estará bien, aunque no lo crea yo mismo. Quiero decirle lo mucho que la amo, pero ya no consigo mover mis labios y de mi garganta no salen sonidos.

-mi amor siempre te amaré –escucho muy cerca del oído su voz y consigo notar una amarga tristeza- y nunca, nunca te ol…

Silencio. Oscuridad. Soledad. Ya no me queda nada y poco a poco estas cosas también me van dejando…

El blanco domina la habitación. Es de mañana. En la camilla yace un hombre que no ha despertado en un largo tiempo. A los pies de esta hay dos niños que no paran de limpiar las lágrimas que caen de sus ojos y ruedan amargamente por sus pequeñas caras. Junto al impasible hombre, una señora de oscura cabellera con un ligero perfume que recuerda a manzanas, se acerca a su oído y le dice que siempre le amará, que nunca le olvidará y que nadie podrá ocupar su lugar; es probable que el ya no la escuche. Del brazo de la dama se sujeta la pequeña manito de un niñito de tres años, que está muy confundido con la escena y sin embargo se muestra conmocionado.  A los pies de la cama hay dos niños que limpian las lágrimas que caen de sus ojos por su cara y se abrazan mutuamente dándose apoyo. Y al otro lado de la cama se encontraba un señor vestido de blanco el cual había hecho que la máquina que siseaba y respirara por el hombre que estaba acostado, dejara de emitir cualquier clase de sonido y se quedara inerte, estática e imperturbable como la persona a la que había mantenida amarrada a la vida hasta hacia algunos segundos.

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