Palabras con plomo

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                                           La libertad, para realizarse, debe bajar a la tierra
                                           y encarnar entre los hombres. No le hacen falta alas sino raíces.
                                                                                                           Octavio Paz

​En Venezuela, así como en todos los regímenes totalitarios existentes y existidos, la cúpula ejecutiva se comporta como ese joven callado y sumiso, típico de la cultura norteamericana, que un día pierde la cabeza, toma un arma y termina con la vida de 20, 30 ó 40 personas, para luego acabar consigo mismo. Un tiro de gracia en la sien y adiós problema.

​Durante los quince años que se intentó fabricar una revolución “a lo Marx”, en el país se implementó como principal herramienta un discurso trillado, desempolvado de antiguos libros soviéticos y chinos, aprovechándose además, de la exagerada fe que imprimen los venezolanos a figuras públicas que marcan pauta.

La anarquía se disfraza de revolución, la violencia se viste de carisma y así, cual animal rastrero, se esparcen ideales destructivos que se siembran comosemillas en  las cabezas agobiadas de un pueblo que buscaba un cambio.

​Lo que quiero decir con todo esto es que no piensen que este mal chiste Orwelliano de “doublé-talk” es una cosa nueva. El discurso violento, ponzoñoso, obtuso y cínico de la tolda roja no es algo que surge de la noche a la mañana. Bien planificado seguramente tenía el difunto ex presidente, que tarde o temprano sus alocuciones maliciosas, cargadas de doble moral, de luchas antiguas, de resentimientos y despotismos, iban a ahogar el vocabulario de sus seguidores, cegándolos y haciéndolos una repetidora patética de todo lo que se grita en Miraflores.

​La violencia en Venezuela entonces no solo tiene un factor social, económico y educativo. Nos encontramos con un fenómeno de índole verbal. Y aquí no va a existir mesa de diálogo, conferencia de la paz, ley desarme o grupo observador internacional que ponga reparo a milicias e insurrectos si antes, no se desarma el discurso de los gobernantes.

​Porque una orden fuerte y bien dicha, una amenaza sin titubear, genera más fuerza que una barricada, que un grupo de oración, que una protesta pacífica. ¿O es que acaso olvidamos los inspiradores discursos que el general o monarca brindaba a sus tropas justo antes de comenzar la batalla? Esa misma es la táctica del gobierno, salir a diario en cadena nacional, gritar a los cuatros vientos que su revolución es armada pero pacífica, que lucha contra el fascismo con amor, que quiere el bien común pero con los militares en la calle…

​Y es así entonces como sin darnos cuenta, suplicamos por el desarme de guerrillas motorizadas, de francotiradores, cuerpos de seguridad y malandros. Y nos olvidamos que el arma más mortal esta en el discurso diario de los burgomaestres.

​De nada sirve solicitar paz en las calles, si desde arriba, las peroratas bolivarianas, tienen más balas, más plomo, más pólvora, que todos los cuerpos de seguridad, insurrectos y asociales que los rodean… Esperemos solo ahora que ese muchachito, sumiso y callado, que perdió la cabeza y asesinó a unos cuantos, termine consigo mismo brindándose entonces, un tiro de gracia.

José Manuel Molina es estudiante del 3° año de Medicina – ULA.

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