Primum non nocere

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En enero del 2011, cuando ingresé a esta Alma Mater, me cautivaron muchísimas cosas, llegaba con la avidez inocente de conocimiento, con las ganas indómitas de alcanzar grandes metas, con los ojos brillosos por descubrir un futuro… y entre tantas emociones y sentimientos poco conocidos apareció una frase que hasta el día de hoy tiene mi admiración y la llevo como grito de guerra personal: “primum non nocere”, uno de los preceptos y cánones hipocràticos más importantes, “primero no hacer daño”.

 

“El estudiante de medicina es un individuo integro, capáz, estudioso y frio. Calmo y parco, instruido y laureado…”. Es el estigma que la sociedad pone sobre nosotros, médicos en formación, barro en las manos de un artesano; es turno entonces de tomar ese concepto, hacerlo propio e interpretarlo de la manera que más nos convenga.

Fuera de la burbuja de cristal que la sociedad impone sobre los médicos, créanme que hay características más importantes que las que enumeré un párrafo atrás. Un médico debe ser una persona noble, eficiente, bondadosa y humilde. Un individuo capaz de entender que no es uno, que la ciencia a la que sirve es y funciona solamente para el bienestar de otros, de otros vulnerables, indefensos y frágiles.. humanos, como nosotros.

En la facultad de medicina no solo aprenderán ciencias morfológicas, biología molecular, fisiología, patología, cirugía y medicina interna, se formaran como los hombres y mujeres que navegarán entre aguas caudalosas y treparán cumbres borrascosas solo para lograr un objetivo, SERVIR. Y ese servir junto con el ser humano y el crecer, van de la mano.

Es cierto, la academia nos debe formar con dedicación, pero la academia depende de nuestras propias actitudes y del esmero que se le coloque. De aquí en adelante se enfrentarán a  retos que en cada uno de estos años se duplicarán más y más. No esperen graduarse en seis años, no logren un título por la simple fantasía de obtener riqueza, de demostrarle a alguien que pueden, de buscar fama y prestigio… el médico se hace a punta de trabajo, de sangre, sudor y lagrimas. No de fantasías, palabras y apuestas.

Deben saber, cada año es peor y  no solo académicamente. Habrá momentos donde la incertidumbre apriete, las fuerzas faltan y los ojos se llenen de lágrimas, así que cuando las piernas fallen hay que sacar fuerzas del corazón para seguir andando. Debemos darnos cuenta además, que el país va en caída libre a una de las mayores crisis sociales, económicas, políticas y pare de contar, que se hayan podido forjar en los últimos años, ahora es nuestro deber como funcionarios al servicio de los demás ayudar en la difícil tarea que se viene encima, reconstruir el país hacia lo que era, necesitamos de personas regias y fuertes que demuestren voluntad y disposición en tan difíciles circunstancias.

Entérense, este es su momento. El momento de crecer, de afrontar desafíos, el momento de luchar: por un país diferente, por una universidad resplandeciente, por un futuro que prometa. Y esta lucha no se logra con cauchos, piedras y morteros, asuman desde hoy que la lucha se da desde los libros, contra la ignorancia y la anarquía.

Acá, en la ilustre Universidad de los Andes, encontrarán amigos de años, parejas, enemigos, profesores y personalidades  que les apoyarán e impulsaran así como personas que les lastrarán. Vivan la vida universitaria con libertad y responsabilidad, sin descuidar claro la meta, el premio, la “piedrita amarilla” y la entrada al paraninfo con toga y birrete. Quítense de la cabeza que un título los hará profesionales, que al graduarce se acaba el camino. En esta noble rama de la ciencia, en la medicina, nunca se deja de ser estudiante, nunca se deja de aprender. Así que no hay espacio para la pereza y el desánimo. Somos el futuro, sí, pero el futuro se construye desde hoy, desde el presente.

PRIMUM NON NOCERE: PRIMERO NO HACER DAÑO. Que así como hace cuatro años esa frase  cicatrizó en mi piel les incentive hoy a ustedes a ir por el camino correcto. Aún están a tiempo, pueden apartarse o continuar, la ruta es larga y empinada, pero la vista es hermosa.

Adelante. Que los años les hagan dignos y humanos para así llevar a cabo la labor más noble que se puede enseñar: CURAR.

Bienvenidos.

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